~ música ~

Cap 16: La aparición

La tranquilidad que llegué a sentir en aquel lugar, se esfumó.

Pasaban los minutos pero nada cambiaba, no había ni un solo ruido. Ni el viento, ni un animal… no había nada. De pronto, empezó a descender la temperatura. Algo extraño estaba sucediendo.

Me preocupé y decidí que lo mejor sería ir en busca de Lucas, él no me había encontrado, pero yo si sería capaz de encontrarlo a él.

- ¿Lucas?

Todo estaba en silencio. Lucas no estaba y mi corazón se aceleró una vez más.

Busqué con la mirada entre los árboles pero mis esfuerzos no obtenían su recompensa, la angustia se apoderaba de mí y caía presa del pánico. Corrí entre troncos y ramas, tropecé en varias oportunidades, grité, busqué… pero sólo había una luz blanca en el cielo. Esa maldita luz; ya me estaba empezando a molestar aquel cielo.

- ¡Lucas! ¿Dónde estas?

Seguí corriendo en círculos, me estaba desesperando y mi búsqueda era infructuosa. Llegué a una gran roca y pensé ocuparla como punto de referencia. Caminé en línea recta hacia la derecha pero no lo encontré. Volví tras mis pasos y seguí caminando. Estaba cansada, corría y gritaba sin cesar. Comencé a sentir un dolor en mi costado izquierdo y mi boca se ponía salada, tenía un sabor ácido, metálico y desagradable.

Sentía como si alguien me estuviera mirando, pero cada vez que volteaba, no había nadie. Sólo estaba yo en medio de aquellos altos árboles. Me estaba poniendo paranoica, me sentía como en el medio de una película de terror. ¿Y si Lucas me estaba jugando una broma?

Siempre había pensado que la mente de los chicos era algo indescifrable y absolutamente impredecible, salvo algunas excepciones, pero Lucas no era una de aquellas excepciones. Me imaginé que en su intento de distraerme, podía haber planeado todo esto pero, ciertamente, no era ni gracioso, ni la mejor forma de levantarme el ánimo.

- Lucas, si es una broma, te prometo que no te hablaré nunca más en la vida. – quizás si lo amenazaba, aparecería y se acabaría todo aquel ridículo juego – te lo advierto, ¡esto no me gusta!

Y mis palabras se fueron con el viento porque Lucas no apareció. Seguramente tenía un retorcido sentido del humor. No podía entender como un chico tan dulce podía comportarse así. Traté de dejar de lado mis sentimientos por él ya que se me hacía muy difícil concentrar mi furia al pensar en él, en sus bellos ojos, en las palabras que a veces me dedicaba al oído, en la forma en que, en algunas ocasiones, lo descubría mirándome y cómo se sonrojaba cuando se daba cuenta de que era descubierto… Respiré profundamente y me enfoqué en encontrarlo.

- Eso es Trinidad, sólo encuéntralo.

Buscaba con desesperación aquellos ojos en los que tanto me gustaba perderme pero que ahora estaban perdidos. Trataba de recordar los lugares por donde había pasado pero no lo conseguía, tanto así que la gran piedra, mi único punto, se encontraba fuera del alcance de mis ojos, sólo lograba confundirme y no tenía ni la más remota idea de dónde me encontraba. Mi sentido de la orientación siempre fue pésimo así que no sabía ni siquiera hacia donde estaba el norte.

Caminé sin rumbo, buscando por todo el lugar, debajo de cada tronco, detrás de cada roca, hasta que por fin, lo vi.

- ¡Lucas! ¡Lucas!

Corrí a su encuentro. Estaba tendido de espalda en el pasto. Su piel estaba pálida y no reaccionaba a mis palabras. Caí de rodillas a su lado e intenté que respondiera a mis peticiones.

- Por favor Lucas, despierta. ¡Lucas!

Toqué su rostro, estaba gélido. El calor lo abandonaba y no lograba hacerlo reaccionar.

- Demonios, ¿en qué se ha convertido esto? Tienes que abrir los ojos. No puedes dejarme así. Dijiste que irías por mí.

Toqué su rostro una y otra vez, en un vano intento de que abriera los ojos. El miedo se apoderaba de mí y me impedía pensar lógicamente. ¿Estaría enfermo? ¿Alguien lo habría atacado? ¿Por qué no abría los ojos? No había señales de lucha ni le lograba ver alguna herida.

- No me hagas esto, no ahora. No me dejes.

Silencio.

Luz blanca.

Su respiración se hacía cada vez más débil y yo no atinaba a hacer nada, sólo estaba ahí, a su lado, no ayudaba en nada. Lucas no me podía abandonar, no podía. No debía.

Era injusto, no entendía por qué me pasaban esas cosas tan horribles. Mi amigo había sido herido tratando de ayudar, mi mejor amiga estaba grave y ahora, el chico de mis sueños, yacía tendido en medio de la hierba en un lugar rodeado de árboles sin nadie que nos pudiera ayudar.

- Lucas, te prohíbo que me dejes aquí sola. No te lo permito. ¡Abre los ojos!

Los sollozos que venían desde mi corazón hacían que mi cuerpo se sacudiera mientras mis nervios escapaban de todo autocontrol.

- Abre los ojos, ahora ¡ya!

Me dejé caer sobre él y golpeaba su pecho intentando algo, cualquier cosa era mejor que verlo ahí, sin hacer nada. Su respiración se apagaba y no se me ocurría nada.

- Por favor, no me dejes, ahora que se que… ahora que se que te quiero. Mi hermana tenía razón, tú eres importante en mi vida y nunca te lo he dicho. No me hagas esto, no me dejes sin poder decirte, mirando tus hermosos ojos, cuanto te quiero.

Sus pulmones se llenaban cada vez menos.

Busqué en su pecho hasta que encontré su medallón, lo tomé firmemente en mi mano izquierda y rogué al cielo por ayuda.

Pequeñas gotas empezaron a caer sobre nosotros. Ocupando el poco valor que me quedaba, me alcé sobre el brazo que tenía libre y me posicioné sobre el cuerpo que estaba tendido en el pasto.

- Por favor Lucas, despierta.

Me acerqué a él en un desesperado intento de hacerlo reaccionar, aún podía sentir su aliento aunque era demasiado débil.

- Si hay alguien, en algún remoto lugar, que sea capaz de escucharme, ¡necesito ayuda! – Las palabras brotaban entre sollozos y mi visión se estaba volviendo borrosa debido a las lágrimas.

La luz blanca se hizo menos potente y en su reemplazo, me vi rodeada de oscuridad, la lluvia empezó a hacerse más fuerte y en pocos segundos quedé empapada, cada rincón de mi cuerpo estaba mojado y frío, tal como sentía mi corazón.

Una espesa nube salía de mi boca con cada respiración mientras acercaba mi boca a la de Lucas. Tenía que reanimarlo.

- Vamos, yo se que puedo recordarlo. Dos respiraciones y treinta compresiones.

Intentaba llenar mi memoria con aquella clase de reanimación a la que había asistido hacía unos años. Era la única esperanza que me quedaba. No tenía sentido gritar pidiendo ayuda porque sabía que nadie llegaría. Ya había perdido mucho tiempo y todo dependía de mí… pero no quería que mis labios tocaran los suyos por ese motivo.

- Qué pensamiento más estúpido, es su vida la que está en juego. Vamos, sé que puedo recordarlo.

Claro que era estúpido pensar en eso pero, había una parte, una muy pequeña parte de mí, que me decía que algún día, tocaría esos labios…

- ¡Despierta!

En reemplazo de aquella oscuridad, surgió una luz azulina. Mis labios estaban a milímetros de los del chico de los ojos pardos.

Tenía que ayudarlo a respirar.

Tomé aire y me acerqué.

La luz se hizo más intensa y de pronto, no había nada más, sólo aquella luz. No veía nada pues aquella luz era extremadamente cegadora y me obligaba a cerrar los ojos. No sabía qué pasaba a mí alrededor ni cómo se encontraba Lucas. Sólo podía sentir que el frío dejaba mi cuerpo, ya no me sentía tan congelada y un minúsculo cúmulo de esperanza renació en mi interior.

Pero aún tenía que lograr que el chico de los ojos pardos reaccionara. Solté la cadena que tenía fuertemente apretada en mi mano y traté de acercarme a él para iniciar la reanimación, pero no llegué a hacerlo porque algo muy grande y pesado me golpeó e hizo que cayera sobre mi costado derecho. El golpe fue impresionante, por todo mi cuerpo sentía un retumbar producto del objeto que había caído sobre mí. Sentí como si un elefante me hubiese caído del cielo y, ciertamente, cuando clamé pidiendo ayuda, no era precisamente un elefante lo que intentaba invocar.

Perdí toda orientación. Al tratar de incorporarme busqué a tientas el cuerpo de Lucas pero no lo encontré pues obviamente se encontraba lejos de mí debido a que había rodado varias veces sobre mi cuerpo al recibir el impacto. Podía escuchar un jadeo, alguien estaba trabajando laboriosamente y hacía mucho esfuerzo pues se notaba su cansancio. Identifiqué el lugar desde donde venía el ajetreo y me acerqué. Estiré mi mano derecha e intenté tocar a Lucas pero una voz grave y llena de odio me frenó.

- Qué haces niña idiota, ¡apártate!




1 Comment:

  1. damaris said...
    dios
    me encanto el capitulo
    quen sabe quien sea
    pero creo que podia ser una
    ex novia de lucas que esta traumada con el y que escucho a trinibad y quiere salvarlo pero
    que odia a trinidada porque
    lucas la quiere jaja pero nose
    podria ser otra cosa pero creo que cual quiera estubiera bien
    bueno espero el proximo capitulo

    besos¡¡¡¡¡¡

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