~ música ~

Cap 18: Familia al acecho

Me congelé. Mi cuerpo ya estaba frío pero esto no tenía nada que ver con una sensación física. Aquel joven que estaba parado frente a mí, aquel joven tan desagradable y altanero era el hermano de Lucas. Vaya si me había portado feo con él.

- Su… su… ¿hermano?

- Bueno, compartimos padres así que, se puede decir que somos hermanos – su rostro mostraba una expresión de superioridad que era reafirmada por la postura de su cuerpo.

- Estás… ¿no me estás mintiendo?

- Ja, ¿qué lograría yo al mentirte?

- Pues, creo que nada.

Marco se giró y me dio la espalda. Caminó hacia un armario que estaba cerca de la ventana y sacó unas prendas de ropa. Comenzó a desnudarse frente a mí, sin ningún tapujo pero, yo si que tenía vergüenza de mirarlo así que agaché mi cabeza y cerré los ojos.

- No me vas a decir que te da vergüenza verme sin ropa.

- Si.

- Vaya, y yo que pensé que estábamos en una época liberal.

- Supongo que la personalidad de cada uno, no se la debemos a la época o el lugar en que estemos.

- Me impresionas, ya me había hecho la idea de que eras una completa imb… lo siento, pensé que eras menos inteligente.

Decidí que aquel comentario no merecía réplica alguna y me concentré en las agujetas de mis zapatillas. Nunca había pasado tanto tiempo seguido mirándolas. Cuando Marco terminó de cambiarse de ropa, según mi imaginación, se dirigió nuevamente hacia el armario.

- Ya puedes mirar – me dijo – de todas formas ya te perdiste de la mejor parte.

Me incomodaba la forma de ser del hermano de Lucas. Sus personalidades eran tan diferentes aunque los dos compartían una cuota de misterio. Mientras él rebuscaba en el armario, yo me dedicaba a mirar a Lucas. Su aspecto difería bastante del que tenía cuando lo había encontrado en el bosque. Me acerqué para observarlo mejor pero Marco me sorprendió arrojándome unas ropas a la cara.

- ¿Por qué tienes que ser tan grosero?

- ¿Por qué no serlo? Además, soy todo un caballero. Ponte esa ropa o te puedes enfermar con lo que traes puesto.

- Gracias.

Efectivamente, mi ropa estaba totalmente húmeda y si me quedaba así por algún tiempo más, seguramente me iba a agarrar un gran resfriado, si es que ya no lo había pescado. Tomé la ropa, era una polera blanca, un polerón verde y unos pantalones de gimnasia.

- Se que no es de tu talla pero es lo más pequeño que encontré.

La ropa tenía el mismo aroma que Lucas, ese aroma que me hacía perder la cabeza. Me saqué el abrigo y me disponía a sacarme el sweater cuando me percaté de que Marco me miraba fijamente.

- ¿Te importaría?

- No pensarás que me interesas… - puso una mirada de asco, como si yo fuera horrible y me hizo sentir disminuida.

- No pienso nada, sólo quiero un poco de privacidad.

- Está bien – se giró para darme la espalda y quedó frente a la ventana.

- No hagas trampa, estás mirando el reflejo.

- Eres realmente irritante. – pasó rápidamente por mi lado y me dio un pequeño empujón – pero tienes sólo un minuto, después de eso entraré, estés o no vestida.

- Como digas, pero sal de una vez.

Marco salió y cerró cuidadosamente la puerta. Después de estar segura de que no espiaba, me cambié velozmente, primero los pantalones, luego la polera. Antes de que me abrigara con el polerón, Marco había entrado precipitadamente y, una vez dentro de la habitación, se dirigió directo a su hermano y se arrodilló junto a él.

- ¿Qué crees que le sucedió?

- No estoy seguro pero quizás – me miró fijamente – tu deberías saberlo, estabas con él cuando yo llegué.

- ¿Yo? No sé que le ocurrió.

- Dime, ¿por qué estaban en ese lugar?

- Pues, Lucas me llevó para que camináramos por el parque – no quería contarle la parte de la escondida, pensar en eso me hacía sentir ridícula – y de pronto, lo perdí.

- ¿Cómo que lo perdiste? Sé más clara.

- Es que… - mis nervios me estaban controlando – estábamos caminando y… supongo que nos distrajimos.

Marco me miró de forma desconfiada, seguramente no creía en mi versión de los hechos. Lo más lógico era que pensara que lo estaba inventando, incluso yo creería eso si alguien me dijera “lo perdí”. Para tratar de parecer más tranquila, me senté sobre la cama para estar más cerca del chico de los ojos pardos, que dormía tranquilamente.

- Y, ¿por qué no hiciste nada para ayudarlo? – esto se estaba convirtiendo en un interrogatorio bastante incómodo.

- No es que no hiciera nada… o puede que si – me encerraba en mis propias palabras – estaba nerviosa y no sabía qué hacer. Cuando se me ocurrió darle reanimación, pues, me caíste encima.

- Que Lucas no escuche que te caí encima porque tendré problemas con él. – me miró de forma lujuriosa.

- ¿Siempre eres así?

- ¿Así cómo?

- Así – lo apunté – de esa forma, ¿cómo decirlo? Tan, instigador.

- Jaja, no. Sólo cuando quiero ser desagradable.

- Ah.

No atiné a responder nada coherente así que mejor me quedé en silencio. El hermano de Lucas me miraba de una forma que me hacía sentir vergüenza. Sus ojos denotaban deseo, pero a la vez, sentía que había algo de rabia y odio. ¿Cómo podía odiarme alguien sin conocerme?

- Dime – por lo visto iba a continuar con el interrogatorio – tu, ¿eres Trinidad?

- Emmm, si.

No me había percatado de que, sólo él había revelado su identidad. Nunca mencioné quién era yo y, seguramente, por eso Marco se mostraba tan desconfiado.

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Fácil. Lucas ha hablado de ti. Eso – señaló mi brazo – yo ayudé a construirlo.

- Claro, tu hermano me dijo que tú y tu padre lo habían hecho.

- Veo que hice un buen trabajo – me tomó por la muñeca y me apretó fuertemente pero sin causarme daño, al parecer sólo disfrutaba de tener secuestrada mi mano.

- Si – una vez más no se me ocurría qué responder.

En ese instante, Lucas suspiró. Ambos nos sobresaltamos, Marco me soltó. Miramos a Lucas esperando una nueva señal, pero nada ocurrió. Mantuve la respiración durante la expectación, quería que abriera los ojos para saber lo que había ocurrido en aquel parque. Sólo Lucas sabía, nadie más que él podría resolver mi duda.

En vista de que nada más sucedió, pensé que tener una pequeña charla sería bueno, o por lo menos nos distraería un poco.

- Marco, hay algo que quiero saber.

- ¡Gracias al cielo! No sería bueno para la humanidad que te quedes sólo con el poco conocimiento que tienes.

- Oye, no es necesario que seas tan desagradable – por lo visto, la idea de tener una conversación no era muy buena.

- Lo sé, es sólo que me gusta ver que te enojas.

- Como sea, lo que quiero saber es, cómo llegaste.

- Es algo complicado.

- Creo que no soy tan idiota como para entenderlo.

- ¿Estás segura? – lo miré con furia – bueno, lo explicaré. Estaba en mi habitación, cuando de pronto sentí que mi placa me quemaba el pecho. No se si tu sabes, aunque no debes saber – lo miré feo – pero la piedra del destino es un material muy noble y no es normal que se caliente sin razón.

- Pero si había una razón.

- ¿Había?

- Si, bueno, supongo que si.

- ¿Puedes ser más explicativa?

- Bueno, como ya te dije, estaba caminando con Lucas hasta que por alguna razón que desconozco, nos separamos. Cuando me percaté, lo busqué por varios minutos y cuando por fin di con él, estaba tendido en el suelo. Estaba nerviosa y no sabía qué hacer, dentro de todo lo que sucedió, o lo que no sucedió, tomé su medalla y la apreté.

- Perdona mi escepticismo pero por apretar la medalla de Lucas, no se va a calentar la mía.

- Si no me interrumpes vas a saber lo que sucedió. Tomé fuertemente la medalla y… - traté de recordar las palabras exactas – pedí por ayuda, no importando de qué lugar viniera, quería que llegara alguien a ayudarnos.

Marco se quedó pensativo. Tomó la mano de Lucas y la apretó entre las suyas. Sus cejas se juntaron y su expresión tenía algo de seriedad y preocupación, seguramente sus ideas iban a mil por hora.

- ¿Qué crees que pasó? – me atreví a preguntar.

- No estoy seguro todavía, al parecer es algo complejo – me miró como queriendo decir que mi intelecto no alcanzaría a comprenderlo – quizás tú… no, eso es imposible.

- Dime qué es lo que piensas.

- ¿Lucas te enseño como utilizar el brazalete?

- ¿Qué? – no entendía su pregunta y mucho menos me imaginaba qué relación tenía mi brazalete con la aparición del hermano de Lucas.

- Limítate a responder.

- Eres realmente desagradable. – traté de usar mi mirada de odio pero al parecer Marco no se inmutó – No, Lucas no alcanzó a decirme mucho.

- ¿Sabes usarlo?

- No. Anoche Lucas lo usó pero no me dijo nada, sólo estaba ahí – señalé el brazalete que estaba en mi brazo.

- Mmm, creo que esto es más extraño de lo que pensé. Tu pediste ayuda justo en el momento en que yo estaba pensando en mi hermano pero, por alguna razón que desconozco, el brazalete te hizo caso, sin siquiera hablarle en lengua antigua y, me hizo venir.

Al parecer, lo que había sucedido era extraño, incluso cuando pertenecías al mundo de la magia. ¿Por qué entonces, el brazalete, la medalla de Lucas o la de Marco me había hecho caso? ¿Cómo habría logrado llamarlo y cómo fue que apareció justo donde estábamos?

Había muchas preguntas sin respuestas.

- ¿Cómo se usa la piedra del destino?

- ¿Me estás pidiendo que te enseñe? – Marco me miró extrañado, casi sin dar crédito a mis palabras.

- Creo que me serviría saber cómo se ocupa esta cosa – señalé hacia mi brazo una vez más.

- Y si yo te enseño a usar tu brazalete… ¿qué me darías a cambio? – esa idea me pareció bastante insólita.

- ¿Es que acaso no conoces algo llamado empatía? No todo en la vida tiene recompensa.

- Ay niñita, no es necesario que te pongas tan profunda. Y de todas formas no te voy a enseñar.

- Gracias por tu amabilidad. Tendré que esperar a que Lucas esté bien para qué me diga qué hacer con mi brazalete. – quise probar una vieja táctica aunque dudaba mucho de sus posibles resultados, de todas formas lo intenté – y quizás, también le cuente lo simpático que fuiste conmigo mientras estaba inconciente.

Marco me miró perplejo, por unos segundos se quedó sin habla y no pudo responder a mi pequeño y poco consistente ataque. Finalmente, me respondió.

- Te diré algunas cosas, sólo para que no sigas diciendo estupideces. – soltó la mano de Lucas y caminó hacia mí. – levántate.

Lo obedecí y me puse de pie. Marco se posicionó frente a mí y se paró muy erguido, imponente y grandioso. Alcé mi vista y me encontré con sus profundos ojos azules. Me abrumó lo atractivo que era, sentí que me sonrojaba y me avergonzaba por la cercanía.

- ¿Qué pasa pequeña? No me digas que te intimida mi presencia - ¡demonios! Por qué los hermanos Gilleman sabrían interpretar tan bien mi lenguaje corporal.

- Claro que no. Sólo quiero saber de una vez cómo usar este brazalete.

- Como digas. Te diré lo principal que debes saber, el resto se lo preguntas después a Lucas porque no pienso ser tu prof…

Marco se detuvo en seco, dejó de hablar repentinamente y pasó casi volando por mi lado. Cuando me giré para ver qué sucedía, vi que Lucas había despertado.




2 Comments:

  1. Barbi said...
    Omg! me encanta esta historia! de verdad!
    Estuve esperando arto por este capitulo u_u but it's finally here!

    ok...ahora continuaré con el otro. Yey! :]

    Barbara.
    Barbi said...
    ok... creo que me equivoque, no había otro cap D:
    Sube pronto >.<
    Soy una nueva fan que llego aquí vagando por blogs xD

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