~ música ~

Cap 8: Un nuevo comienzo

Una vez en el auto de Lucas, mi cabeza seguía procesando información a mil por hora, había tantas cosas que quería saber que ni siquiera sabía por donde empezar a preguntar.

- Trini, te recomiendo que te calmes un poco porque tus sentimientos me están sobrepasando y quiero que llegues viva a tu casa, no vaya a ser que choque con un árbol en el camino.

- Discúlpame, es que lo que me acabas de contar es algo tan… grande

- Si, lo entiendo pero, acuérdate que a veces siento cosas, y tú estás tan emocionada que siento que la cabeza me da vueltas.

- Lo siento, te juro que no es mi intención.

- Lo sé, lo sé, pero debes tranquilizarte.

- Está bien.

Puso en marcha su auto y al principio íbamos muy lento hasta que me empecé a calmar, a medida que tomaba control sobre mis emociones, Lucas se veía más tranquilo y sereno, de a poco comenzó a acelerar hasta que íbamos a una velocidad razonable.

- Bueno, ahora que estás más tranquila creo que podemos seguir hablando. ¿Tienes alguna pregunta?

- Si, la verdad es que tengo muchas, pero empezaré con una – aunque llevaba una sólida lucha con mi emoción casi descontrolada, tenía que aclarar mis ideas para poder preguntarle algo a Lucas, con el desastre interno que tenía, debía concentrarme mucho para poder armar una oración coherente – cuéntame de tu familia.

- ¿Mi familia? Realmente me sorprendes, con lo que te acabo de mostrar, pensé que me preguntarías otras cosas.

Lucas tenía razón, había miles de cosas que quería saber pero por algo tenía que empezar, y prefería que fuera lo menos caótico. Lo miré fijamente, él estaba concentrado en el camino pero por una milésima de segundo me devolvió la mirada. Cada vez que nuestros ojos se encontraban sentía como si miles de hormigas recorrieran mi piel, me sonrojaba y me faltaba el aire, sus ojos tenían un gran control sobre mí y estaba segura que podría pasar un día completo mirándolos sin tener necesidad de nada más.

- Claro que quiero saber más, pero primero quiero conocer de tu vida, por eso me interesa tu familia.

- Buen punto. En Odunia vivía con mis padres y mis dos hermanos. Cuando era pequeño, mi padre era uno de los administradores de la mina de la Montaña Negra pero después de que Graymorcke empezó a perseguir a los elementistas todo cambió.

- Mmm..., Lucas, no entendí nada.

- Oh, claro. Lo que pasa es que en Odunia hay una historia antes y después de Graymorcke.

- Y quién es el famoso Graymorcke.

- El oduniano más terrible de la historia, bueno, además de su padre.

- Algo así como el chico malo de la película…

- Exacto, justo como el chico malo de la película. Graymorcke se dedica a cazar elementistas para quitarles sus poderes. Desde que empezó, se apoderó de la Montaña Negra, de ahí se extraía un metal muy preciado por los odunianos, la piedra del destino, mi padre trabajaba en una mina donde se extraía, pero eso fue antes de la era de Graymorcke.

- ¿Qué tiene de especial esa piedra?

- Que sin esa piedra, nadie puede entrar o salir de Odunia.

- Oh, ya veo, es muy importante.

- Así es. Poco antes de que Graymorcke se apoderara de la Montaña Negra, mi hermano mayor había empezado a trabajar con mi padre, los dos se dedicaban a construir objetos del destino.

- ¡Todo suena tan fantástico!

- Si, y así lo era antes, todo era genial en Odunia, nadie se preocupaba por nada, todos éramos felices.

- ¿Y qué pasó con tu padre y hermano?

- Cuando Graymorcke construyó su castillo en la cima de la Montaña Negra ya no se pudo extraer más la piedra del destino y se hicieron muy codiciados los objetos del destino que habían sido fabricados ya que si por algún motivo nos quedamos sin ellos, no podremos volver a Odunia nunca más.

- O salir de ahí.

- Exacto.

- ¿Y qué forma tiene los objetos del destino?

- Son muy variados, depende de quien los posea y de la utilidad que les quieran dar. Por ejemplo, en mi familia, las mujeres usan un brazalete y los hombres usamos una medalla.

- Entiendo.

- Mira, ésta es la mía – se metió la mano en el cuello de su chaleco, rebuscó y pronto pude apreciar una cadena que, hasta ese momento, no había llamado mi atención. Con gran agilidad se la sacó del cuello y me la ofreció. En cuanto la medalla que colgaba de la cadena tocó mi piel, sentí la misma sensación de el aire tibio que acompañaba a las flores danzantes, la magia de Lucas.

- ¿Qué te parece?

- Es preciosa – en mis manos tenía la medalla más perfecta que había en el mundo, tenía unos 5 centímetros de largo y era de una forma ovalada, parecida a las placas que usaban los hombres en las guerras con su identificación, pero ésta era realmente bella. El metal era plateado y suave, en la cara externa había un grabado apenas distinguible por lo delgado y delicado que era, ayudándome con la luz del atardecer pude ver que tenía un entramado de enredaderas, unas finas ramitas con hojas, y en lugar de flores, habían unas pequeñas estrellas que adornaban el grabado. Por la parte de atrás no había nada, o por lo menos, nada que mis simples ojos humanos pudieran apreciar.

Era increíble la confianza que Lucas había depositado en mí, en mis manos tenía la única forma que él poseía para volver a Odunia y me la había ofrecido como si fuera lo más normal del mundo.

- Si este es tu objeto del destino, y es tan codiciado como dices, ¿por qué me lo pasar así, sin ningún problema?

- Principalmente porque no creo que estés lo suficientemente loca como para salir del auto cuando vamos a 100 Km./h.

- Tienes razón, no había pensado en eso.

- Y, la otra razón es que confío en ti.

- Gracias.

Miré por última vez la medalla de Lucas y como colgaba perfectamente de su cadena que, probablemente, también estaba fabricada con piedra del destino. Luego se la devolví a Lucas pero no la aceptó.

- Sacarme la cadena mientras estoy manejando no es tan complicado como ponérmela, me podrías ayudar.

- Claro, ¿qué quieres que haga?

- Pues, ponérmela en el cuello, si no es mucho pedir.

- Claro, ningún problema – mis manos empezaron a temblar y mi corazón se aceleró enormemente, no estaba acostumbrada a tal cercanía entre nosotros y sería la primera vez que tocaría su piel. No podría creer que no me diera cuenta de ese detalle hasta ahora, nunca había tocado a Lucas, excepto esa vez en que besó mi mejilla. Sería la primera vez que mis dedos tocarían su piel y el hecho de pensar aquello hacía que mis nervios aumentaran de forma impensada. Lentamente y con una gran concentración, logré dominar mis temblores y acerqué mis manos a su cuello. Pasé la cadena rápidamente para no obstaculizarle la visión, no quería que por mi torpeza chocáramos contra un poste o atropelláramos a alguien. Una vez que la cadena estuvo alrededor de su cuello, tomé la medalla con una mano mientras que con la otra tomaba en cuello de su chaleco. Fue ahí cuando lo toqué. Su piel era lisa y tibia, la piel más perfecta que hubiese conocido, estaba segura que las estrellas de Hollywood pagarían cualquier cosa por tener una piel así. Deslicé la medalla hacia el interior y me alejé. Si apenas ese roce había causado tantas sensaciones en mi, no sabía como sería si Lucas me tocara.

Todo lo relacionado con Odunia me resultaba fascinante e increíble. Julieta tenía razón cuando dijo que Lucas sería alguien importante en mi vida. Después de la revelación que había tenido esa tarde, nada volvería a ser igual.

- Trini, ya llegamos a tu casa.

- No puede ser, ¿cómo no me di cuenta?

- Estabas muy concentrada en la conversación.

- Lucas, no me puedo quedar así, hay tantas cosas…

Lucas puso un dedo sobre mis labios y no pude hablar más. Me miró profundamente y yo sentí como si nunca más fuera a volver a respirar, mis pulmones no querían funcionar y la cabeza me daba vueltas, sentía mi corazón a la altura de la garganta y el vello de todo mi cuerpo se erizó. Cuando quitó su mano, tomé una gran bocanada de aire y él se rió.

- Sé que debes tener muchas dudas pero ya es tarde, mañana tenemos clases y prometí traerte temprano a casa.

- Las clases ya no importan, ¿no lo entiendes? Ahora todo es diferente, nada es igual a como era esta mañana. No puedes esperar que me quede así después de lo que me contaste.

- Sé que mi vida y todo lo que me rodea es nuevo para ti, incluso a mi me maravilla de vez en cuando pero, Trini, tienes que vivir tu vida, y eso quiere decir que mañana volverás temprano a la universidad. No puedo permitirme ser una mala influencia para ti.

- Pero Lucas…

- Nada de peros, mañana te pasaré a buscar para ir a la facultad y si quieres, podemos seguir hablando. Por ahora tienes que descansar, no quiero ser el culpable de que te de un colapso nervioso.

- Pero es que yo no quiero dejar el tema hasta aquí.

- Trini, por favor. Entiende que para mi también es algo nuevo. Los odunianos no tienen permitido revelar nuestra condición a personas normales ¿entiendes?

- ¿Eso quiere decir que quebraste alguna ley?

- No precisamente, pero no es algo común, nosotros no solemos “mezclarnos” si es que me entiendes. Es tan extraño como que un gato sea amigo de un ratón o como que un león sea vegetariano, son cosas que no suceden.

- Entonces no debiste contarme nada – no entendía por qué Lucas había decidido dejarme entrar en su mundo si eso le causaría problemas.

- No se trata de eso Trini, mírame.

Estaba tan avergonzada que no era capaz de mirarlo a los ojos, estaba segura que en cuanto lo mirara, se daría cuenta de mi remolino interno y que descubriría lo que sentía por él y eso no era justo. Yo tardé meses en darme cuenta que lo quería y él, en tan sólo un segundo sabría lo que yo sentía. No podía mirarlo, esos ojos pardos me delataría. No podía mirarlo.

- Lucas

- Trinidad – posó su mano sobre la mía y tuve que luchar contra mis deseos de tirarme sobre su cuello. – mírame.

- No quiero.

- Vamos, no muerdo. – buscó mis ojos una y otra vez hasta que lo consiguió, una vez que caía en su profundidad se me hacía casi imposible dejar de mirarlo.

- No te sientas culpable, si te lo conté es porque quería y – hizo una pausa – porque quiero que sepas sobre mí. No estoy arrepentido de habértelo contado, de hecho, no estoy arrepentido de nada de lo que haya sucedido en mi vida que tenga que ver contigo.

- Lucas, eres tan tierno.

- Jaja, me lo dicen constantemente.

- Jaja.

- Ahora, vas a entrar a tu casa y vas a actuar con normalidad ¿de acuerdo?

- Está bien.

- Y mañana te pasaré a buscar para ir a la facultad. En el almuerzo, sólo si quieres, podremos seguir hablando.

- ¡Claro que quiero!

- Entonces tenemos un trato.

- Si, tenemos un trato – me tendió su mano para estrechar la mía de idéntica forma como los hacían los hombres de negocios, nunca antes había imaginado que Lucas podría ser una persona tan buena a la hora de subirme el ánimo.

- Hasta mañana bella durmiente.

- Hasta mañana chico misterioso.

Me bajé del auto y caminé hacia mi casa, una vez en la puerta me volteé a mirarlo. Lucas me observaba fijamente, se despidió con la mano y puso en marcha su auto. Me quedé mirando como se alejaba y cuando lo perdí de vista, entré.

Puse la llave en la puerta y la giré lentamente, sentía como si mi cerebro estuviera en cámara lenta. Una vez adentro me encontré con Julieta.

- Veo que las cosas marchan bien entre tú y Lucas.

- Hola querida hermana, estoy muy bien, muchas gracias por preguntar. ¿Cómo estuvo tu día?

- Trini, no seas así, no ahora que te acabo de ver en el auto del chico que dices que es “sólo un compañero”.

- Y es sólo un compañero. Por favor Juli, no me molestes con eso hoy.

- Está bien, pero seguiré mañana.

- A veces pienso, “¿cuándo crecerá mi pequeña hermana?”

- ¡Qué graciosa! Toma, te dejé algo para comer, los papás salieron.

- Gracias pequeña hermanita.

- De nada hermana grandota.

Después de comer y ver televisión por unos minutos con mi hermana, subí a mi habitación. Todavía me hervía la cabeza con todas las cosas nuevas que sabía acerca de Lucas y de mis sentimientos por él.

No estaba segura de si lo que sentía era correcto, quizás Lucas sólo me quería como una amiga, en realidad nunca había dado señales claras de querer otra cosa conmigo. Habían días buenos y días malos, tanto como me trataba bien, también podía ser un chico grosero y mal educado. No había privilegios ni tratos especiales, hasta esa tarde.

Me puse a pensar en la primera vez que lo vi, lo recordaba perfectamente, yo había llegado atrasada y el profesor Rodríguez lo había hecho notar, ése fue el primer día que vi a Lucas Gilleman, fue nuestro primer encuentro. Recordé como pocas horas después lo había encontrado mirándome y como a los pocos días había tratado de ayudarme con Jorge, en ese momento no era capaz de imaginar lo que pasaría después y cómo nuestras vidas llegarían a tener algo tan grande en común: su secreto.

Era como volver a empezar, como si cuando las flores giraban en torno a mí y me encontré con aquellos ojos pardos fuera la primera vez que los miraba, todo lo anterior ya no tenía importancia. Mi vida tomaría un vuelco gigante a partir de ese momento, todo empezaría desde cero y cualquier hecho pasado se transformaría en una imagen nebulosa y poco clara. La historia de mi vida estaba a punto de cambiar y yo podía sentir eso.




1 Comment:

  1. Maysu said...
    que lindo!!! confió en ella, uffffff, le contó todito todito. Me encanta la historia!! Pero te apuesto lo que quieras que ese malo de Ondunia, ocmo se llamaba? nombre bien raro... deja ver....ya sé, Graymorcke, aparecerá en el mundo de Trini, cierto? no sé por qué tengo la impresión que eso sucederá.

    consultas tu publicas cualquier día o tienes un día especial? mira que no quiero perderme el otro capitulo. XD!


    Un abrazo fuerte y nos leemos!!


    maysu

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