~ música ~

Cap 11: Del fuego a la ira

En el camino a la universidad Jorge me había llenado con decenas de preguntas, de mí, de Lucas, de mi familia, de todo. Fue casi un interrogatorio y eso me ponía muy nerviosa, tenía que pensar cada palabra que decía porque usaba casi todas mis respuestas para preguntarme más cosas. Hace un tiempo que me había dado cuenta que Jorge estaba interesado en mí pero, esto era demasiado, me sentía agobiada. Cuando por fin llegamos a la facultad traté de deshacerme de Jorge y si no hubiera sido porque llegó Benjamín, probablemente me habría costado aun más. A pesar de todo el esfuerzo que hice para que nadie se diera cuenta de que andaba acompañada y de que me hice un nudo en la lengua en varias ocasiones para no decir nada indebido con respecto al secreto de Lucas, él no se dignó a hablarme y mucho menos a dirigirme la palabra.

Era la primera vez que veía realmente enojado a Lucas pero lo más terrible, es que el enojo estaba dirigido a mí.

- ¿A qué estás jugando?

- Lucas, déjame…

- ¿Explicar? ¡No! Te das cuenta de lo peligroso que… ¿Te das cuenta? Esto no es un juego para mí.

- Lo sé, es que…

- ¿Lo sabes? Qué bonita forma de cuidar lo que hay entre nosotros. – no pude seguir ocultando la vergüenza que sentía, lo que Lucas decía me estaba doliendo y no sabía por cuanto tiempo podría mantener mi carácter controlado.

- ¿Me dejas hablar?

- Ahora te preocupas de cortesías, claro que no te dejo hablar. Estoy furioso, es que acaso… - suspiró profundamente en un acto que parecía más un bufido que una forma de controlar su genio.

- Lucas, quieres por favor…

- ¡No!, no quiero nada… - sus palabras me atravesaban y causaban daño, dolía mucho.

- ¡Lucas Gilleman, cállate de una vez!

Silencio.

Mi autocontrol se había escondido quizás donde porque no pude contenerme más. No quería pelear con Lucas pero la situación me estaba sobrepasando con creces, por mucho que lo quisiera no podía tolerar que me tratara así. Afortunadamente, Lucas había esperado hasta el final del día para desquitarse conmigo y como estábamos en el estacionamiento de la facultad, era improbable que alguien escuchara nuestros gritos, por muy fuerte que se elevaran nuestras voces.

- No voy a aceptar ni por un segundo más que me trates así, ¿entendiste?- no obtuve respuesta alguna así que seguí desahogándome- no tengo idea de por qué actué como lo hice, quizás no quería que Jorge sospechara y tratara de sacarme información que podía comprometerte.

- Trinid…

- Déjame terminar. ¿Te haz puesto a pensar por un segundo que no lo hice a propósito? ¿Que Jorge me tomó desprevenida? ¿Que tenerlo hablando por los pasillos de lo que hay o no entre nosotros no te beneficia?

- No.

- Claro que no, sólo te preocupaste por ti y tu orgullo de macho herido, porque no dejé que pasaras por mí.

- No Trini, no es orgullo.

- Entonces explícate pero, te advierto, me gritas una vez más y te olvidas de que existo.

- Lo siento – respiró profundo varias veces mientras yo me impacientaba más y más – no quería ofenderte. Es que Jorge… y tu… lo siento.

- ¿Esa es tu idea de una disculpa?

Lucas no era capaz de aguantar tanta presión, de pronto, el chico fornido y con temple de acero que yo conocía se había esfumado, frente a mi estaba un Lucas completamente distinto, un Lucas que se estaba derrumbando.

No era mi intención hacer que sufriera, pero de alguna forma tenía que entender que no había nada en el mundo que le diera el derecho de tratarme mal. Si bien había mucha confianza entre nosotros, no podía venir y gritarme. Tenía que respetarme. Pero no imaginé que se caería a pedazos frente a mis ojos.

- Lucas, no quise ser tan dura contigo. Estoy muy molesta pero… creo que podemos arreglar esto de buena forma. – sus ojos estaban casi anegados pero las lágrimas se resistían a caer, era angustiante la visión que tenían mis ojos.

- Yo… tenía miedo de que Jorge viera o escuchara a tu skillü y que las cosas resultaran mal.

- Lo sé, pero no pasó nada, no se dio cuenta.

Era difícil creer que la reacción de Lucas hubiese sido solamente por el temor de que mi mascota fuera descubierta, estaba segura que algo me estaba ocultando y tenía que ser algo grande, algo tan grande que pudiera causar el repentino y fuerte cambio en la reacción de Lucas.

- ¿Es sólo eso? – se quedó pensativo por unos segundos.

- ¿Te acuerdas cuando te conté que tengo cierta relación con el fuego?

- Estás hablando de tu elemento ¿cierto?

- Si. – respiró hondo una vez más – los elementistas que son capaces de controlar el fuego se caracterizan por ser un poco arrebatados, son de carácter muy fuerte y un poco dominantes.

- Es decir, ¿eso es lo que te pasa?

- Algo así. Verás, los odunianos generalmente controlan un solo elemento o tienen un solo don. En ese aspecto yo soy un poco distinto.

- Porque tienes dos.

- Claro, controlo el fuego pero también la tierra. Y es precisamente eso lo que hace que los controle a medias, tanto así que no soy capaz de leer la mente de las personas cuando quiero hacerlo, por eso escucho sus pensamientos algunas veces y bajo ciertas circunstancias y me frustra mucho no poder controlarlo. – me quedé pensando.

- ¡Por eso eres algo así como… bipolar!

- Si – al parecer se avergonzó en reconocerlo porque sus mejillas tomaron un color rosado intenso.

- Mira Lucas, he aprendido a aceptarte tal como eres, no quiero cambiarte pero tienes que controlarte. No es una opción, es algo que debes aprender a hacer.

- Lo sé, es que… es difícil.

- Me imagino, pero es algo que tienes que lograr. Algún día te vas a descontrolar con alguien que no te entienda como lo hago yo, con alguien que no sepa las razones de tu comportamiento y, ese día, no lo vas a pasar bien.

Nos quedamos en silencio, pero no fue uno de esos silencios incómodos, fue más bien como el silencio después de una tormenta. Sólo se escuchaba la respiración de Lucas que lentamente se fue calmando.

- Te gustaría ir a caminar un rato, hasta que te calmes bien.

- Bueno.

Caminamos lentamente hasta salir del estacionamiento, luego nos dirigimos hacia el parque que estaba cercano a la facultad, el mismo en el que habíamos conversado anteriormente. Cuando llegamos a mi banca favorita nos sentamos.

- Y… ¿cómo te llevas con tu skillü?

- Bien, aunque es todo nuevo… pero creo que me entiende cuando le hablo. – Lucas rió.

- ¿Qué pasa? ¿Dije algo mal?

- No, es que… deja que salga de tu bolso.

Metí la mano dentro del bolso que había permanecido semi abierto todo el día y del que, en ese preciso momento, asomaba la cabeza de mi mascota, la tomé cuidadosamente y la dejé en el asiento entre Lucas y yo.

- Hey tu, ¿cuándo piensas contarle lo que puedes hacer? – pensé que Lucas realmente tenía problemas para controlar su genio e incluso su personalidad. Yo le hablaba a Pinta pero nunca esperé que me contestara, era algo casi por cortesía, pero parecía que Lucas tenía toda la intensión de esperar una respuesta.

- Creo que tendrá que ser ahora.

Su voz era fina y melodiosa, se podría decir que acariciaba mis oídos maltratados hasta hace poco por los gritos. Era un sonido dulce y un poco rasposo, pero no era para nada tosco sino muy delicado.

- Tú… puedes… ¡hablar!

- Si. – miré atónita a Lucas.

- ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué no me dijeron?

- Quería averiguar cómo eras antes de mostrarme tal cual soy, no quise molestarte, era simple curiosidad.

- Es increíble. Tengo un gato que habla.

- Un skillü – corrigió Pinta.

- Si, pero para todo el mundo eres un gato – le recordó Lucas.

Me costaba asimilarlo, además de tener una mascota mágica que en ocasiones era capaz de cambiar de forma, tenía una mascota que hablaba. Mi cabeza trabajaba rápidamente para armar un panorama de lo que era mi vida actual y en ese instante tenía que añadir un dato nuevo: mi skillü hablaba.

- ¿Hay algo que quieras saber? – su voz era tan hermosa, incluso mejor que escuchar un concierto de mi artista favorito, era como la expresión en sonido de los hermosos ojos que tenía Pinta, era como una conexión con su alma.

- Si, quiero saber… si te gusta como te he tratado.

- ¡Me encanta! Eres muy dulce conmigo, sólo hay algo que quiero que cambies.

- ¿Qué cosa?

- Mi alimento – Lucas soltó una risita.

- Lo siento, se me olvidó decirle que no comes comida de gato.

- ¿Qué comes?

- Tengo un solo tipo de alimento, espero que eso no sea un problema.

- Mmm, veamos…

- Yo sólo como miel.

- ¡Qué animalito tan precioso! Si hasta para eso eres dulce.

Seguimos conversando los tres por un buen rato hasta que muchas de mis interrogantes fueron resueltas. Lucas se había calmado por completo y aquella pelea era sólo un mal recuerdo, no quedaban rastros tangibles de su mal humor y el hecho de conocer algo más de la identidad de mi mascota había mejorado mucho mi ánimo.

- Llegamos a tu casa – Pinta profirió un leve gruñido – perdón, su casa.

- Gracias por traernos.

- No es nada, si quieres… - paró en seco y dejó la idea sin terminar.

- Si, me encantaría que mañana me vengas a buscar. – No sólo yo me ruboricé sino que también el chico de los ojos pardos.

- Vamos, vamos que te tengo hambre. ¿Tienes miel en casa? – Lucas y yo reímos ante el comentario de mi mascota.

- Creo que tengo. Emmm, adiós Lucas.

- Hasta mañana.

Bajé del auto de Lucas cargando en brazos a Pinta. Antes de entrar a mi casa, volteé para tener la última visión del chico de mis sueños por ese día, él me dirigió una leve sonrisa y partió.

Una vez dentro de casa, alimenté a Pinta y luego subimos a mi habitación. Hablamos por bastante tiempo, hasta que llegó Juli y no pudimos seguir, seguramente mi hermana dudaría de mi integridad mental si me escuchara hablándole a un gato toda la tarde.

El resto del día siguió casi normal, sólo que no me podía concentrar mucho. Recordaba la pelea con Lucas, a Pinta hablándome, el incidente con Jorge… había sido un día de locos y el hecho de que se acercaran los exámenes de fin de semestre no me ayudaba a mantener bajo control mi nerviosismo. En vista de que hacía varios días que estaba postergando la “maratón del estudio” decidí hacer los planes de una vez y le escribí a mis compañeros más cercanos: Ale, Benjamín y Lucas. Si todo resultaba como lo había planeado, al día siguiente nos juntaríamos en la biblioteca para empezar con Biología, los exámenes nos acechaban cada vez más y teníamos que estar preparados para la lucha.




1 Comment:

  1. lili said...
    un capitulo genial, espero con ansias el fin de semana que viene para leer el siguiente.
    besooss

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